Para quienes odian lavar a mano es sin duda uno de los inventos más importantes de la humanidad. Y sin embargo, no le damos importancia. Apenas un aparato más en nuestra larga colección de trastos electrónicos. Pero la realidad mundial es diferente. 2.000 millones de pobres en el planeta no tienen acceso a la electricidad, mientras 1.000 millones de gente rica la derrochamos. Esta situación condena injustamente a las mujeres (siempre ellas) a lavar a mano en condiciones terriblemente duras, alejándolas del mercado laboral y arrojándolas al infeliz analfabetismo. Y todos esos millones de personas sueñan hoy con una lavadora como soñaron con ella nuestras abuelas.
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